Post enumerativos sin sentido, como en 2009

I.

Esto es algo que literalmente nadie sabe sobre mí: amo el teatro. No nada más leerlo: serlo. Vivirlo. Actuar.

Hace demasiado tiempo que no actúo.

En algún momento de cuarto grado, la seño Gloria, una señora que incidentalmente es mamá de quien años después fue muy amiga mía pero que en 1998 me odiaba con furor, no su hija, sino la seño Gloria, pero está divertido el ritmo de la oración así que hay que prolongarla lo más que pueda hasta que se vuelva absurdo así que mirá, una pausa. Pues sí, la seño Gloria me detestaba y creyó prudente castigarme con lo que ella pensó sería humillación pública: ser Menchedita Copalchines, protagonista de un cuento de Salarrué, en algún montaje ridículo para la clase. Se me quitó el hambre durante días por el temor de olvidar los parlamentos y que el grado entero se riera de mí, pero acabó riéndose conmigo y yo, que para entonces tenía las habilidades sociales de un frijol, me sentí flotar.

Actué por años, siempre en clase. Eran los años del boom de los sociodramas, método que seguro se inventó algún jipi para lograr que un montón de pubertxs en mi colegio de gente rara se empapase en la realidad sociopolítica de un El Salvador en el pleno albor de la Mano Dura y las huelgas de meses. Yo era la reina del comentario social y el montaje en escena. Escribía como maniática estupideces que quedaron como nota para Sociales o Lenguaje, pero que eran, ahora lo veo, la única parte de mi vida donde yo era yo. Luego vino otro tipo de escenarios.

No actúo desde los 15, cuando mi tata se enteró y me dijo que eso de sentarse a ver gente fingir cosas era un vicio burgués.

Se me había olvidado el hedor de los camerinos, el sonido de la madera que cruje y el frío en la espalda cuando se corre el telón.

Se me había olvidado por completo el teatro hasta que Crazy Ex-Girlfriend vino a mí.

II.

Hay muchas cosas que yo misma no supe de mí hasta el año pasado. Miento: las sabía, las vi venir. Nomás no las nombraba. Si algo me enorgullecía en esta vida es poder ver la catástrofe venir. Nada te toma por sorpresa si siempre te preparás para lo peor, solía creer. Es cierto, hasta cierto punto, pero también una forma bastante estúpida de vivir.

Conocer es dominar, a fin de cuentas.

No era ansiedad, sino depresión. No sé desde cuándo estaba ahí ni si es un asunto crónico. Me parece que es así. La primera crisis que me identifico fue a mis 15 años y hasta mucho tardé. Fue un año lleno de lágrimas, dulces de miel y leer el Eclesiastés buscando algún atisbo de sentido. También fue un año de caminar mucho, robar libros y discos y comprobar que el mundo es a la vez muy grande y muy chiquito cuando toda tu vida gira alrededor de lo que una persona piensa sobre vos.


Como Rebecca Bunch, yo también amo las boy bands, tengo tetas que cuentan con sus propias órbitas, salí huyendo de leyes, eludo las cosas que no puedo manejar con sexo y le temía a las pastillas. Como Rebecca Bunch, yo también estuve dispuesta a morirme el día que una persona me lo pidiera y estaba más que lista para hacerlo. Lo estuve por años. Deshice mi vida más de una vez y lo hice contenta. Si lo que había que hacer para lograr que me quisiera era dejarme a mí en el camino, lo habría hecho una y otra vez. Pensé que eso era querer. Nunca pensé ver este tipo de cosas en la televisión.

III.

Detesto los musicales con cada fibra de mi ser.

Son una forma atropellada de narrar. Cortan estructuras, destruyen ritmos. Son una cosa molestísima. Hasta que se hace bien y vas cantando A Boy Band Made Up of Four Joshes rumbo a la terapia.

IV.

Acabé tomando fluoxetina solo durante seis meses. Lo más grave que pasó fue que mi libido se esfumó durante dos semanas, pero luego volvió. Nada se puso gris, como me dijo un tipo alguna vez. Yo volví a ser yo, pero con más conciencia de que ser yo es una cosa bien vergona, pero podía hacerse de forma menos dolorosa. Que la gente que está conmigo ya decidió que fuese así y no tengo que escribir tesis doctorales para justificarlo. Que tomar antidepresivos no es nada del otro mundo.

Yes, everyone’s special, that’s usually the sitch
But when it comes to meds, you’re such a basic bitch

V.

Le debo el mundo a la Ligia por haberme recomendado Crazy Ex-Girlfriend y no haberme dejado decirle que no.

Yo debería volver al teatro.

Comino

Hace unos diez años, cuando todo esto me habría resultado poético, quizá habría sabido qué hacer con el señor que se sentó frente a mí en la 44 hoy en la noche. Seguramente lo habría encontrado divertdísimo, tanto como aquel maje que corría bajo el aguacero con su ropa de metalero y su sombrilla de Hello Kitty. Ese día cargaba libros de teorías que nunca leí. Afuera llovía. Algo en mí rió.

Hoy, que es ayer, un señor se sentó frente a mí y todo él olía a comino. Yo ya no puedo escribir y nada es poético, sino sumamente triste.

¿Qué hago con el aroma a comino?