A la calle: nuevas organizaciones civiles e institucionalidad en El Salvador

Publicado en Revista Distintas Latitudes, Ciudad de México,  el 14 de junio de 2011

Mi generación nació en asístole política: nada los molesta, nada los altera, nada les importa. Y por “nada” me refiero justamente a eso, a nada. Mi generación tiene suficiente con poder presumir un Blackberry, ir a la universidad y tomarse un café en el Starbucks, sin prestar apenas atención a lo extremadamente afortunados que son por ser parte del escueto 5% anual de bachilleres nacionales que pueden ir a la universidad o costearse un café de $5 dólares cual si fuese una nimiedad. Asístole política, les digo.

En honor a la justicia he de decir que no es culpa nuestra. Según el último censo de población, somos 1, 087, 107 de salvadoreños entre 19 y 29 años de edad[i], poco más del 20% de la población total. Sin embargo, no se nos ve en partidos políticos (cuyas escuelas de inducción son vistas como peones de campaña en lugar de oportunidades para formación de nuevos cuadros políticos) ni en asociaciones civiles, mucho menos se reconoce nuestra existencia en los proyectos gubernamentales que vayan más allá de una Secretaría de la Juventud inoperante que terminó por desaparecer, para ser ahora parte de la Secretaría de Inclusión Social[ii]. No existimos sino hasta que se nos mata o somos víctimas de algún otro delito, no existimos hasta que una penosa circunstancia nos vuelve estadística. Eso es ser joven en El Salvador, esperar a ser un número para que el Estado o una ONG note tu existencia. ¿Y cómo respondés ante la indiferencia de las estructuras? Ignorándolas a ellas. Viviendo la circunstancia tal cual es, a sabiendas que el futuro del país ni depende de vos, ni lo podés cambiar.

Tan no existimos que a los partidos políticos solo les importa “el sector juventud” cuando se viene el tiempo preelectoral y alguien debe encargarse de la pinta y pega de propaganda. Las escuelas políticas tanto de izquierda como de derecha son escenarios radicalizados[iii] a los que el joven promedio no se acerca, porque la actividad política está satanizada históricamente.[iv] La polarización de la sociedad salvadoreña es tal que 1) Rara vez concibe el activismo fuera de los partidos políticos; 2) La misma es generalmente condenada por la familia del joven que decide afiliarse en una organización cualquiera. Hay quienes buscan contribuir mediante proyectos de asistencia social que habrán de abandonar cuando la necesidad de insertarse laboralmente les golpee. Quizá por eso, porque a los jóvenes no los representa nadie y no votan por nadie, no se esperaba que reaccionaran ante nada. Y quizá por eso lo que pasó el jueves dos de junio en la Asamblea Legislativa fue una dosis de adrenalina directo al corazón que habría de sacar a los jovencitos clasemedieros y desinteresados de su asístole política. Y nadie se lo esperaba.

En el sistema jurídico salvadoreño, ninguna institución está por encima de la Sala de lo Constitucional, cuya función es velar por el respeto a la Carta Magna por parte de todos los sectores del Estado. Durante las administraciones de derecha, esta Sala tuvo poco o nulo protagonismo dado que su accionar siempre se apegó linealmente a los intereses del partido en el poder, pero desde 2009, año en que la izquierda gana las elecciones presidenciales y entran en función los actuales miembros de la Sala de lo Constitucional[v] para un período de tres años, ésta ha actuado en verdadera independencia. Esto, visto desde la Asamblea Legislativa, órgano encargado de seleccionar a los cinco abogados que habrán de ocupar la plaza de magistrado de dicha sala, es una auténtica falta de respeto[vi]. Algunas de las sentencias dictadas por los actuales miembros de la Sala han afectado directamente a poderes fácticos como los medios de comunicación[vii] y el sistema electoral[viii]; mas la gota que derramó el vaso fue cuando mediante reciente sentencia, decretó inconstitucional el rescate que mediante decreto en 2004 se hizo para evitar la desaparición -por falta de votos recibidos- de las dos instituciones políticas más antiguas del espectro nacional: el Partido de Conciliación Nacional, otrora brazo político del Ejército, y el Partido Demócrata-Cristiano[ix].

Ninguna de estas instituciones políticas representa realmente a nadie de mi generación. Son, para nosotros, dinosaurios sin línea ideológica distinguida y que solo buscan perpetuarse en los puestos de poder. Estos partidos suelen ofrecer sus votos al mejor postor, por eso carecen de reconocimiento o respeto alguno. Su desaparición, al ser decretada, fue recibida como algo esperado. Pero ese 2 de junio, en sesión plenaria de la Asamblea Legislativa, el secretario general del PDC, Rodolfo Parker, anunció que tenía una propuesta contra la Sala de lo Constitucional “por afectar los intereses del PCN y el PDC”: obligaría a la Sala de lo Constitucional a dictar sentencias en unanimidad, en lugar de requerir solo cuatro de cinco votos posibles. La propuesta entró a la sesión plenaria sin discusión previa mediante “dispensa de trámite”, es decir, ninguna comisión legislativa la revisó o corrigió antes de que ésta fuese llevada al pleno (valga decir que este es usualmente un recurso reservado para situaciones de emergencia). La moción fue aprobada por los partidos de derecha, mientras el FMLN se abstuvo de votar, mas dos de sus diputadas sí firmaron el acta oficial. Este decreto constituye una afrenta directa a la función de los magistrados de la Sala de lo Constitucional, mas lo verdaderamente insultante vendría después.

Elizardo Lovo, diputado del PCN, llevó directamente el decreto modificado a Casa Presidencial, para que el presidente Funes pudiese aprobarle o vetarle, para lo cual contaba con dieciocho días hábiles según la ley. Esto a pesar que existe un encargado de mensajería dedicado específicamente a entregar la correspondencia entre la Asamblea y Casa Presidencial. En una medida que desataría la indignación popular, Funes aprobó la moción ese mismo día y exigió su inmediata publicación en el Diario Oficial, lo cual le ponía en efecto desde entonces. Este actuar coral entre la antagónica Asamblea Legislativa y el otrora confiable Funes causó ante el ojo público una deslegitimización del régimen partidario en pleno. Ni el FMLN, izquierda del cambio, ni la derecha, ya desacreditada; ni Funes, miembro de la sociedad civil y que por tanto la representaba, gozaba ya de ninguna credibilidad ante la clase intelectual, ante la sociedad, ante los jovencitos con asístole política.

Al día siguiente, cuando la vigencia del decreto era ya de conocimiento público, decenas de estudiantes de Derecho de todas las universidades del país se volcaron al unísono hacia las redes sociales para expresar la profunda indignación ante el quebranto de la institucionalidad que había sido a claras luces orquestado entre los órganos Legislativo y Ejecutivo. Convocaron, de la nada, a congregarse frente a Casa Presidencial para exigir el respeto a la Constitución. Salieron de sus clasemedieras casas, con sus Blackberries y sus iPhones, con sus cuadernos de la universidad, a hacer algo que nunca antes pensaron hacer: protestar. Llevaron cartones improvisados, plumones, el más previsor llevó una bandera. Hacia las cuatro de la tarde habían en el sitio más periodistas que manifestantes, pero eso estaba por cambiar.

Nosotros, los hijos de la guerra, teníamos cierta idea de cómo proceder en una manifestación: buscar una consigna viable, evitar problemas con la policía, portar documentos. Pero no esperábamos encontrarnos con ellos, con los niños del Starbucks, los que van a bares privados los viernes a la noche. A medida pasaba la tarde, tampoco podíamos creer que estuviésemos ahí, protestando por lo mismo, indignados por lo mismo; porque la izquierda que ya no me representa a mí es en su caso la derecha que no les da cabida, el Estado al que se quebrantó era el mismo para mí que para ellos: por primera vez vimos al Estado como un ente independiente del partido que lo maneje. Desorientada como  fue, la concentración del viernes 3 de junio tuvo su mérito al ver que entre nosotros estaba protestando también la clase intelectual: nuestros profesores, los dirigentes de más de alguna ONG, algún exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia. Estábamos todos  frente a Casa Presidencial protestando contra el quebranto de la institucionalidad, la violación a la ley, la traición del presidente o el arcaísmo de las instituciones políticas en pleno.

Ese día se cantó el Himno Nacional tres veces. Yo estaba ahí de pie, en el Monumento al Soldado. Las hormigas hicieron trizas mis pantorrillas, como lo hicieron con los periodistas, los sonidistas, el exmagistrado y unos trescientos de mis contemporáneos, los que suelo ver en la universidad, con los que nunca había hablado por sentirlos tan distantes y tan adormitados ante el sismo de país en el que vivimos. Si bien la Sala sigue defendiendo la Constitución como puede y el régimen político sigue buscando atarla, ese viernes pasaron tres cosas que no van a pasar de largo tan fácilmente: 1) El Salvador vio surgir –por fin- a un movimiento auténticamente ciudadano; 2) El régimen político ha quedado evidenciado de una vez y por todas como un enorme circo en el cual no hay payaso sin mancha; y 3) los niñatos, los hijos de su casa, la mara fresa que va a la u; los bichos[x] dormidos de mi generación con asístole política… esos niños han despertado. Y la clase política no ha sabido, a la fecha, qué hacer al respecto.


[i] Datos según el VI Censo de Población y V de Vivienda, 2007. Edades ajustadas a 2011.

[ii] Trejo, Claudia (2009, 30 de mayo) ¿Adiós, Secretaría de la Juventud? La Prensa Gráfica, consultado el 12 de junio de 2011 en <http://www.laprensagrafica.com/juventud/f5/36480-iadios-secretaria-de-la-juventud.html>

[iii] Clarísimos ejemplos de la polarización de las juventudes de derecha e izqueirda en <http://hunnapuh.blogcindario.com/2009/03/03032-juventud-del-fmln-vs-la-generacion-multiplaza.html> y en <http://hunnapuh.blogcindario.com/2009/03/03015-un-dia-con-el-jrn-una-nueva-generacion-llevando-la-ignorancia-a-un-nuevo-nivel.html>

[iv] En reciente ponencia, el doctor  Rafael Guido Véjar, docente de FLACSO El Salvador, justificaba la inoperancia de todas las formas de movilización social al papel de masa al que estos actores fueron reducidos a partir de la creación de la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM) en 1980, organismo que aglutinó a movimientos campesinos, obreros y estudiantiles de izquierda durante la primera etapa de la guerra. A partir de entonces, los movimientos fueron manejados por una línea marxista-leninista pura, en la cual estos movimientos sometían su razón de ser y sus demandas a aquellas del “partido”, perdiendo su autonomía y condicionando su s demandas.

[v] Conformación actual de la Sala de lo Constitucional disponible en <http://www.csj.gob.sv/constitu/CONSTITUCIONAL_02.html>

[vi] Editorial (2011, 29 de abril) La Sala firma su propia sentencia. El Faro. Consultado el 12 de junio de 2011 en  <http://www.elfaro.net/es/201105/opinion/4018/>

[vii] Sentencia 91-2007, emitida el 24 de septiembre de 2010, sobre la eliminación de la imposibilidad de juzgar a editores de medios de comunicación por difamación y calumnia. Resolución disponible en <http://bit.ly/lQJfti>

[viii] Sentencia 61-2009, emitida el 24 de marzo de 2010, sobre la Reforma Electoral que permita candidaturas no-partidarias y sistema de listas abiertas. Resolución disponible en <http://bit.ly/lRQFRZ>

[ix] Arauz, S., Labrador, G (2011, 29 de abril). Corte Suprema sentencia muerte del PDC y del PCN. El Faro, consultado el 12 de junio de 2011. Disponible en: < http://www.elfaro.net/es/201104/noticias/4015/>

[x] Bicho/a: en El Salvador, sinónimo de “niño/a”.