Comino

Hace unos diez años, cuando todo esto me habría resultado poético, quizá habría sabido qué hacer con el señor que se sentó frente a mí en la 44 hoy en la noche. Seguramente lo habría encontrado divertdísimo, tanto como aquel maje que corría bajo el aguacero con su ropa de metalero y su sombrilla de Hello Kitty. Ese día cargaba libros de teorías que nunca leí. Afuera llovía. Algo en mí rió.

Hoy, que es ayer, un señor se sentó frente a mí y todo él olía a comino. Yo ya no puedo escribir y nada es poético, sino sumamente triste.

¿Qué hago con el aroma a comino?