Sobre los comicios municipales de 2012 en El Salvador

Publicado en el número 230 de Revista Voz y Voto, publicación especializada en política mexicana. en convenio con Revista Distintas Latitudes, Ciudad de México,  abril de 2012. Página 72.

Es muy complicado hacer una valoración justa sobre el verdadero impacto de los resultados de los recientes comicios municipales y parlamentarios en El Salvador. Diversas lecturas resultan pertinentes: las implicaciones de los resultados para los espectros ideológicos, la interpretación que podría hacerse sobre la afluencia de votantes, el impacto que tuvo la reforma electoral en los resultados obtenidos; cómo estos fueron recibidos por el electorado y cómo fueron abordados por los medios de comunicación. Para todas ellas parece ser demasiado pronto.

Sin afán de dramatizar, puede afirmarse que las recientes elecciones municipales y parlamentarias marcan un antes y un después en la historia de la aún incipiente democracia salvadoreña. Tres son las razones. En primer lugar, se estrenó el sufragio legislativo a través de listas abiertas y bloqueadas, contrario al histórico sistema de listas cerradas. Además, fueron las primeras elecciones municipales en las que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) participó como partido oficial. Y, finalmente, por primera vez se utilizó el voto residencial en seis de los catorce departamentos del país.

Tal escenario planteaba la posibilidad de complicaciones serias y en eso se concentraron los análisis locales en los días anteriores a los comicios. Las proyecciones sugerían que la correlación de fuerzas tanto en la Asamblea Legislativa (84 puestos vacantes) como en las municipalidades (262 en total), un número alto de votos nulos ante la tardía instrucción sobre el nuevo método de votación por parte de Tribunal Supremo Electoral y una participación de alrededor del 35% del electorado, que suele ser la norma en los comicios que tienen lugar a mediados de una gestión presidencial.

El domingo 11 de marzo se presentó a las urnas el 55% de las personas habilitadas para votar, mismo porcentaje al que eligiese a Mauricio Funes como presidente en marzo de 2009 y cifra que supera en un 20% a la asistencia usual de este tipo de eventos electorales. Con un escrutinio final  inconcluso a tres días de las elecciones, no es posible establecer si los votos nulos habrían podido evitar el giro que tomó el rumbo político de El Salvador. Apenas tres años después de perder el poder central, la derecha representada por Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) obtuvo la mayor cantidad de diputados en la Asamblea Legislativa y retomaba la mayoría de alcaldías en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS), que concentra a casi millón y medio  de un  total de 4.6 de personas habilitadas para ejercer el sufragio.

ARENA obtuvo la mayoría de alcaldías de departamento de San Salvador (diez de un total de diecinueve, incluyendo el control de municipios como Soyapango, Mejicanos y Apopa que llevaban más de doce años bajo el control del FMLN) y despojó al FMLN del poder en municipios que le resultaban bastiones históricos. Esto no significa que haya recuperado semejante cuota de poder a base de propuestas y una renovación profunda tras el cisma de la derecha en noviembre de 2009, sino un profundo desgaste de la imagen pública del FMLN.

Tras dominar las alcaldías de los municipios más grandes de la zona urbana de San Salvador mediante reelecciones durante cuatro periodos municipales consecutivos, los alcaldes del FMLN fueron traicionados por su acomodamiento en la calidad de “bastiones rojos” de estos municipios como por la línea discursiva del partido en general; que pretendió dar la imagen de poderoso bloque legislativo y municipal mientras perdía cada vez más el control de las acciones del presidente Funes. Embebido en este nuevo poder, el FMLN logró perder contacto real con aquellos que le impulsaron a llegar a la silla presidencial en 2009: el votante indeciso.

El voto duro ronda el 30% del total del electorado.Son ellos quienes mantuvieron las alcaldías de los bastiones rojos durante tanto tiempo, los que sostienen alcaldías periféricas bajo el mando de ARENA desde hace más de veinte años (como Antiguo Cuscatlán, municipio vecino a San Salvador y que cuenta con el Ingreso Per Cápita más alto del país); es su carácter inamovible lo que garantizaba resultados en comicios anteriores, tendencia que terminó en el recién pasado evento electoral ¿Está el voto duro castigando la desconexión entre la dirigencia del FMLN y la “base”? ¿Es este un espaldarazo a ARENA, tras solo tres años de haber alcanzado la alternancia en el poder central?

Nada de esto puede afirmarse categóricamente debido a una particularidad del proceso. El mismo voto duro que quitó del poder municipal del área urbana al FMLN de hecho le otorgó el voto parlamentario. Si bien la izquierda perdió dos diputados, la cantidad de votos recibidos aumentó. ¿Significa entonces que el voto duro está empezando a dejar de ser tal? ¿Es esto un paso adelante hacia la madurez del electorado? ¿Cómo reaccionará la izquierda ante esta abrumante pérdida de poder en lo municipal, pero “avance” en lo legislativo? A la fecha no hay postura oficial de su parte, quizá como medida prudencial esperando  el recuento final de votos. Algo es cierto: el escenario político de El Salvador, tan polarizado, está empezando a cambiar.