Cómo coquetear en clave cuir

Publicado en Revista Volcánica, espacio feminista de Nómada, en Ciudad de Guatemala, el 20 de febrero de 2018.

Maje, a saber. Aquí donde me ven, toda Johnny Bravo, soy la última persona que podría dar recomendaciones al respecto.

Imaginate el escenario: estás sentada en la universidad, esperando una clase. De repente, ves entrar a una cipota que te gusta hace ratos, de quien sabés porque el mundo es muy pequeño y lo es aun más en San Salvador. Ella llega y, como es sociable y desenvuelta, se sienta a tu lado e intenta sacarte plática y vos, que en tu mente asegún sos un as de la seducción homosexuala, vamos, Julio Iglesias con (más) tetas, te congelás. La bicha te habla, te sonríe y vos sos todita encarnación de la profecía de Shakira: se te acaba el argumento y la metodología. Obvio, la maje nunca te vuelve a hablar porque piensa que sos una gran cerota, pero no es cierto: nomás sos medio estúpida.

¿A ustedes también les pasa? ¿Soy yo una inepta de las artes sexuales? ¿Estoy siendo muy dura conmigo misma?

Imaginate, pues, un segundo escenario: vas caminando y ves una cipota chula ydisfrazada de abogada. Como su aparición sucede de repente, no te da chance de experimentar a plenitud tu mezcla de timidez y miedo al rechazo, así que muy valientemente la ves a los ojos. Ella, inesperadamente, te sostiene la mirada y vos te sacás tanto de onda que te tropezás. No solo te quedaste sin coger, sino que te doblaste la pata. Todo es un fracaso. Que yo no sea virgen es un milagro de Santa Elton John nunca virgen.

Como mi educación erótico-afectiva vino dada por los planteamientos teóricos de Carrie Bradshaw y Luis Miguel, es decir, porque fui criada con la idea de que las mujeres son estos entes inalcanzables, indecisos y diáfanos, mi mente COLAPSA cada vez que me gusta alguien. En serio, no sé cómo proceder.

¿Cómo se le habla a las mujeres cuando una tiene fines sexuales? ¿Adónde se esconde el resto del año todo ese montón de bichas guapas que emergen del subsuelo en cada Marcha del Orgullo, solo para volverse a esconder cuando todo acaba? Esas majes son como las cigarras de la mariquez, ¿qué es de ellas el resto del año? ¿Adónde están? ¿Por qué no sé hablar con ellas?

Luego descubro que la respuesta a mi pregunta la tiene el párrafo anterior: cuando nuestra educación afectiva viene del patriarcado, ese constructo tan nocivo que te dice que las mujeres están para ser deseadas y no para desear, que están socializadas para competir entre ellas y ver en la otra a su enemiga, toda esa década para ensayar emociones adolescentes se te va en tratar de entender por qué no sentís con tu novio el de las rastas ni siquiera el 4% de lo que te hace sentir Nicole Kidman y sus hermosísimos colochos rojos de los noventa.

Te encontrás, pues, de repente, a tus 30, manejando tus emociones afectivas como si tuvieras 15. Salir del clóset es entrar de golpe a una segunda adolescencia.

¿Qué es lo que hacés, entonces, si te encontrás de repente con que te gu

sta una mujer pero no sabés cómo actuar sobre ese deseo? ¿Cómo hacés que ella te note? Dejá eso, ¿cómo hacés para saber si ella es cuir? Algunas de nosotras tenemos el don de tener un gaydar calibrado por la KGB, pero créanme: eso no basta, menos en un mundo que nos dice que a las mujeres se las desea así:

(Este gif llegó a mi vida por la Cristina. Gracias, Ce Ele.)

Como sos mujer, vos SABÉS que esa no es forma de empezar nada con nadie. Es incómodo, denigrante, y demasiado tenemos ya cargando con el estigma de que la gente cuir anda “reclutando” heteros para el camino del pecado como para encima hacerle ojitos a una bicha de homosexualidad presunta. Empero, esa es la forma de desear que aprendés con las películas de Pedro Infante que tantos suspiros le arrancaban a tu mamá; es lo que oís en sus canciones de Luis Miguel. A la mujer se la persigue hasta que ella, volátil y orgullosa, decida caer, calzón abajo, en tus brazos. Así se supone que es, ¿verdad?

Pues no.

Mis ovarios. El asunto no es así.

La gente cuir, independientemente de su género, se ve forzada, quiera o no, a cuestionar las formas en las que desea y aquellas en las que hace que otrxs sean parte de ese deseo. Si aparte de cuir sos feminista, el asunto se vuelve más jodido aún: te toca partir de la base de que se nos ha enseñado a desear cosificando, en contextos en los cuales los avances sexuales no requeridos no se consideran abuso porque los realizan hombres heterosexuales, pero que a una mujer pueden llevarla desde la sanción social hasta, en casos extremos pero no poco habituales, a violaciones correctivas, muerte violenta o terapias de conversión. No sabemos, y nos toca aprender, a desear a personas en tanto tales, no a los objetos sexuales que la sociedad dice que somos.

Y esto suena chivo e ideal, pero significa desaprender toda nuestra socialización sentimental. Esto no es fácil.

Enseñame a coquetear, Marcie.

A los machitos les gusta decir que las feministas son lesbianas y frígidas. No es cierto. Algunas somos alborotadas del cujuyito, pero no tenemos la menor idea de cómo acercarnos a una mujer en público sin incomodarla, sin saber si la estamos incomodando o no. Solemos replicar los roles que socialmente aprendemos respecto del deseo sexual y cómo actuar sobre el mismo, porque así como pensamos por defecto en el deseo que es posesión y persecución insistente aunque la contraparte te insista mil veces que no quiere nada con vos, si desear nos cuesta, amar entre pares, en libertad es aún más difícil.

El machismo promulga que amar es poseer y controlar. Que desear es tomar lo que se quiere, aunque sea por la fuerza. En mayor o menor medida, estos son los puntos de partida desde los cuales nos planteamos nuestra vida sexoafectiva, tanto para el sexo casual como para entablar relaciones más largas y estables. Gente con gaydar menos afortunado que el mío me pregunta a cada rato cómo sabés si le gustás a otra mujer. BICHA, OJALÁ SUPIERA. Muy pocas entre nosotras enfrentan su asumirse cuir con las suficientes herramientas paradeconstruir las formas en que abordamos la atracción sexual, las relaciones o el sexo casual.

Para muchas, asumirse cuir representa una auténtica liberación sexual que, empero, sigue impregnada de machismos interiorizados. No hay mejor ejemplo de ello que la bifobia, que no es más que la versión cuir de la rosa del honor: buscar “pureza” aunque esta no exista y, por tanto, sea irrelevante. Nos queda mucho por cuestionar, empezando por la idea de que hay una lista de consejos para coquetear con mujeres: cada una es distinta. No todo es ↑ ↑ ↓ ↓ ← → ← → B A. Lastimosamente, como en todo lo que implique interacción humana, no queda más que hacer prueba y error.

Igual, a mí no me crean nada. Una vez me dio Match en Tinder una chera tan pero tan guapa que me dio ansiedad y terminé borrando la aplicación.

Me voy a morir virgen.