Que sos artista, decís

Publicado en el primer número de Revista Ordinaria, en El Salvador,  en junio de 2010.

Qué cosa tan paloma no será el arte que te hace querer vivir de él, por él y en él. Declararte partícipe de un estilo de vida de boinitas, cigarros y estéticas refinadísimas. Ir a sentarme a la puerta de la facultad a convivir con los escultores, hacerme amigo del vecino pintor, decir que escribo para congregar alrededor mío a poetas. Y cuentistas. Y misceláneos. Decir que distingo al barroco del rococó porque lo leí en la Wikipedia. Llorar en la calle para decir que actúo -la sensibilidad se confunde con dramatismo, a veces. A veces no. Ver cine polaco de la pre-guerra, muy superior al lituano post-Perestroika. Sentirme cinéfilo. Sentirme escritor. Sentirme escultor. Que se me considere tal porque la capacidad creativa de mis cheros me ha sido transmitida por ósmosis.

Darme paja.

Y fingir(te). (me). (les).

El problema viene a la hora de tener enfrente a la arcilla, al lienzo, la cámara o el papel. Sobre todo al papel. Sentir que te escupe, que tu Cortázar y tu Lorca y tu Joyce te soplen en la nuca y te digan que ni siquiera podés conjugar verbos en subjuntivo. Vos frente a la poesía, harta de los “yo te amo”. Vos frente al cine, harto de su hedor a palomitas de maíz. Vos frente al lente, tan asqueado ya de tanto mar y de tanto París. Vos frente al hartazgo de los temas agotadísimos de siempre, repetidos

hasta decir ya no. Vos ante lo de siempre. Vos teniendo que decir algo. Vos sin voz. Y el arte que cuelga de las paredes gozando a costa tuya.

Porque tu error, maje, es precisamente ese. Vos no querés hacer arte, vos querés que el arte te haga a vos. El prestigio de tu nombre impreso y el precio de tu garabato sobre un óleo. Eso, tus Juegos Florales. La contraportada de tu primera edición, la típica foto con el cigarro, los lentes de aros gruesos. Tu corto filmado en la Calle a Motocross. Eso querés, dejate de pajas. Si quisieras arte, papá, saldrías de tu casa con un cuaderno de a peseta y te sentarías en el Parque Cuscatlán. Porque encontrar belleza entre el hedor a miados, eso, eso es arte. Y qué paloma es.